domingo, 10 de enero de 2016



LA TERAPIA DE SONIDO SE BASA EN EL PRINCIPIO DE RESONANCIA


Desde los orígenes de la humanidad, el hombre ha utilizado el sonido para comunicarse, para
recibir información del entorno, así como también, para transformarse y sanar. Casi todas las
culturas antiguas creían que el sonido era la fuerza creativa, generatriz, responsable de la
creación del universo.
De hecho, actualmente sabemos con toda certeza, como de alguna manera también lo sabían
los antiguos, que todo el universo está formado por átomos. Pero la materia no es estable. La
materia está en continua vibración, en continuo movimiento, si nos adentramos al nivel
atómico, los electrones se mueven constantemente a gran velocidad alrededor del núcleo.
Todo el Universo es vibración, que según su orden de frecuencia (cantidad de vibraciones por
segundo) se crean diferentes tipos de ondas que se expresan como luz, color, sonido o
forma. Estos diferentes estadios de densidad reproducen la manifestación de este planeta y
los orígenes de la materia.
Es sólo desde la percepción de nuestros sentidos que el mundo físico toma un carácter
estable, aunque esta forma de percepción parcial no resulte más que pura ilusión.
El sonido es una forma de energía en
vibración o pulsación. Isaac Newton
designó el fenómeno característico del
sonido como pulsus o pulso:
"Los sonidos no son otra cosa que
pulsaciones del aire".
De una forma simple podríamos decir que “el sonido es aquello que podemos oír”. En
cierta forma es así, pero en realidad existen muchas vibraciones que no oímos.
Simplemente es una cuestión de “parámetro de diseño”, de la capacidad de respuesta que
tiene el oído humano.
Según sea la frecuencia de onda, podemos percibir el sonido como tonos. La unidad de
medida de la frecuencia es el Hertz (Hz), que es número de pulsaciones por segundo.
El oído humano percibe e identifica como tono entre 16 y 25.000 Hz. Las frecuencias por
encima o por debajo resultan inaudibles para el oído humano. Denominadas ultrasonidos e
infrasonidos respectivamente, estas frecuencias no son audibles por el hombre, pero si
por otros animales.
La vibración sonora genera una oscilación en las moléculas del aire, que vibra, resuena y
transmite la vibración a las moléculas contiguas y así se va propagando a una velocidad
que depende del elemento con el que se encuentre. En el caso de propagarse por el agua,
la velocidad del sonido es cinco veces mayor que por el aire. Dado que el 70% de nuestro
cuerpo está formado por agua, resulta evidente que nuestro organismo es un medio
adecuado para la transmisión del sonido.
Cuando un objeto empieza a vibrar por la influencia de otro, decimos que han entrado en
resonancia. Este principio de resonancia es el pilar fundamental de la terapia del sonido.
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Una vibración podemos “sentirla” físicamente aunque no seamos capaces de percibirla por
el oído. A través del tacto, es posible reconocer determinadas vibraciones fuera o dentro
de la gama audible.
El sonido también lo podemos percibir a través de las vibraciones de los huesos del
cráneo. Dado que el oído interno se encuentra inserto en la cavidad del hueso temporal,
las vibraciones del cráneo mueven los cilios de las células nerviosas del órgano de Corti,
estimulando así el nervio auditivo, que transmite la información a la corteza cerebral.
Nuestro organismo es una gran “caja sensible” a la vibración. Un estímulo sonoro o
musical se percibe simultáneamente por el sistema auditivo, tacto, plexo solar y por
receptores articulares y musculares.
Desde los años 30 del siglo XX, se vienen estudiando los efectos del sonido sobre
diferentes materias, incluido el cuerpo humano. Desde los descubrimientos del Dr. Hans
Jenny, médico y científico suizo, que estudió el efectos de ondas de sonido sobre
diferentes materias y como variaba la organización de sus partículas formando figuras
geométricas hasta la “Music Masaje Sound Therapy” o terapia de masaje sonoro, la ciencia
de la cimática prueba, más allá de toda duda, que cualquier sonido cercano al cuerpo
humano originará un cambio físico en el interior del organismo y en cada estrato de sus
campos electromagnéticos, o aura.
Las vibraciones que percibimos provocan reacciones corporales, cambios en la fisiología
que pueden ser tanto para bien o para mal. Si los sonidos son los adecuados generarán un
orden y una armonía capaces de restaurar el equilibrio interior a todo nivel.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

LA GEOMETRIA DEL SONIDO

El sonido es un aspecto relevante y habitual en nuestra vida, al igual que el color su correcta recepción está supeditado al aparato que recibe: el oído humano.
En nuestra historia existen descubrimientos relegados en los anales que no dejan de ser al menos fascinantes y que permiten a veces reflexionar sobre aspectos de nuestra cultura.
¿Sabías qué cuando golpeamos la membrana de un tambor, el sonido emite vibraciones u ondas que plasmarían un dibujo geométrico?
En la década de los 60 el científico Hans Jenny experimentó con polvo fino, virutas de acero y arena aplicando vibraciones de ondas acústica. El resultado fue la organización de las partículas en un patrón geométrico concreto concentrándose las sustancias en aquellos lugares donde el sonido era más denso. Esta disciplina recibe el nombre de Cimática.

La Cimática ya era conocida por el ser humano hace miles de años con el nombre de Yantra.  CIMATICA es una ciencia que nos muestra la relación entre el sonido y la materia. Al colocar polvos de arena o licopodio sobre una placa de metal y someter estos polvos a frecuencias sonoras, vemos como se producen figuras geometricas. Al elevar el tono, vemos como las figuras se hacen mas complejas. Si hacemos acordes de 4 o más notas, el resultado será la formación de figuras tridimensionales.

El Doctor MASARU EMOTO, famoso científico japonés, ha corroborado esta relación entre sonido y materia al someter los cristales de agua a frecuencias de sonidos, palabras y piezas musicales. Así encontramos como la palabra "gracias" forma un cristal hermoso y lleno de luz en la molécula de agua semejante a un diamante. La sinfonía pastoral de Beethoven forma una molécula exquisita y armoniosa, mientras que la música de Heavy Metal rompe la forma hexagonal de la molécula.
Entonces, podemos afirmar que el sonido "geometriza" la materia, es decir, tiene la capacidad de estructurar desde la molécula de hidrógeno hasta montañas y desiertos, pasando por los cuerpos de los seres vivos. La sinfonía constante del universo mantiene en constante formación el mundo tal como lo conocemos. Si esta sinfonía se detuviera por un solo instante, todas las formas y seres desaparacerían en ese mismo instante.

El campo energético humano, también llamado "aura", es una matriz geométrica que envuelve y protege el cuerpo físico.
Cada célula, neurona, órgano o sistema del cuerpo sigue un orden establecido por esta matriz. Entonces, la conclusión lógica es que podemos afectar, cambiar, reestructurar y hasta destruir cada uno de estos sistemas inteligentes que conforman nuestro cuerpo. 

Por esta razón, la Terapia de Sonido es una herramienta primordial en la medicina moderna para limpiar, armonizar, regenerar y reconectar toda nuestra matriz geometrica llamada AURA.



sábado, 12 de diciembre de 2015

MUSICA DE LAS ESFERAS

Antiguamente se afirmaba que el modelo para la creación del universo estaba basado en el uso de las proporciones musicales. Según esta creencia, los cuerpos celestes producían sonidos que al combinarse formaban la llamada música de las esferas.
La teoría de la música de las esferas fue aceptada durante muchos siglos. La apoyaron grandes pensadores y científicos: desde Pitágoras en el siglo VI a. C. hasta Kepler en el siglo XVII d. C.

LA PALABRA MUSICA A TRAVES DEL TIEMPO

Para Pitágoras y sus seguidores, la música era la ciencia de la armonía. La armonía podía ser entendida como el orden de los sonidos y también como el orden divino del cosmos; entre estas dos armonías había una relación. Luego Platón añadió que lo importante no era la música audible.  Plotino, un poco más tarde, consideró a la música como uno de los caminos para llegar a Dios. Después, San Agustín habló del paso de la música de la fase de la sensibilidad (en la que se ocupa de los sonidos) a la fase de la razón (en la que resulta ser contemplación de la armonía divina).

A partir del Renacimiento, la palabra "música" comenzó a referirse más bien al arte de los sonidos, tal como la entendemos en nuestros días. En la actualidad la música es, ciertamente, "una técnica o conjunto de técnicas expresivas que conciernen a la sintaxis de los sonidos". 
Pero desde el punto de vista filosófico la música también es considerada "como revelación al hombre de una realidad privilegiada y divina". Según esta definición, la música trata de la armonía divina del universo y del mismo principio cósmico, llámese Dios o de alguna otra manera.
Para Platón: "La teoría del movimiento de las estrellas produce una armonía, es decir, sonidos que revelan una concordancia. Pensadores como Cicerón, Arístides Quintilianus y Tolomeo apoyaron la teoría de la música de las esferas.

Para su concepción del universo, Kepler se apoyó en los mitos de Platón y en el sistema de Copérnico que planteaba que el Sol era el centro en torno al cual giraban los planetas. Kepler postulaba que el modelo del universo estaba basado en la geometría: entre las órbitas de los seis planetas conocidos (Saturno, Júpiter, Marte, Tierra, Venus y Mercurio) estaban inscritos los cinco sólidos perfectos mencionados por Platón (cubo, tetraedro, dodecaedro, icosaedro y octaedro).

MODELO DEL UNIVERSO DE KEPLER


Kepler estudió cuidadosamente las órbitas de los planetas para establecer una relación entre el movimiento de estos cuerpos celestes con la teoría musical a la que se refirió como de Tolomeo, pero que había sido planteada por Gioseffo Zarlino. Finalmente, en su libro Harmonices Mundi, postuló que las velocidades angulares de cada planeta producían sonidos consonantes. Asumida esta creencia, escribió seis melodías: cada una correspondía a un planeta diferente. Al combinarse, estas melodías podían producir cuatro acordes distintos, siendo uno de ellos el acorde producido en el momento de la creación y otro el que marcaría el momento del fin del universo.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Sonido Sanador

El Sonido Cristal de un cuenco de cuarzo es un sonido de alta frecuencia, es un masaje para el alma.
Al elevar tu frecuencia vibratoria desaparece todo desequilibrio organico, emocional o espiritual.
Vibras en una frecuencia mas alta, de serenidad, lucidez y armonía, donde todo fluye y se concreta.
Accedes a una nueva dimension cuantica, te conectas con la esencia de la Naturaleza y con tu esencia interior, y desde alli con toda la sabiduria universal.
Absolutamente toda la Naturaleza esta vibrando ¨"todo es vibracion", es un principio universal. Nuestras celulas, tejidos, organos, son compuestos de atomos que vibran en distintas frecuencias.
En el estado natural de salud en el ser humano,todas esas frecuencias vibran en armonia, como una inmensa sinfonia.
Este equilibrio se pierde facilmente con el estres, las tensiones fisicas y emocionales e interfieren en esa armonia interna.

Los cuencos de cuarzo emiten una vibración que activa, concentra y amplifica la mente. Irradian energía regeneradora. Vibran con frecuencias que producen poderosas ondas de sonido, y estos sonidos son la manifestación energética de su estructura cristalina, que es muy parecida a la doble hélice del ADN Humano.
El sonido cristal equilibra el cuerpo energetico y los chakras (centros de energia), limpia el campo aurico. Repercute en la columna que actua como vehiculo de resonancia y se extiende a traves del sistema nervioso a nuestras celulas, tejidos, organos.
Por esta razon esta vibracion tiene la capacidad de disolver bloqueos en el cuerpo fisico y sutil.

Janet  Somocurcio 
Terapeuta de Sonido Certificada

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